Decidir forma parte de la vida; desde elecciones simples, las cuales no interfieran en nuestro bienestar, así como otras más importantes, que sí puedan ser cruciales.

Tomar decisiones conscientes es una capacidad que se aprende, es decir, una persona desarrolla la habilidad de decidir si ha tenido oportunidad de elegir en muchas ocasiones. Por este motivo es tan relevante entender que a los niñ@s se les debe enseñar a tomar decisiones y, por tanto, son los adultos quienes deben ofrecerles las experiencias de elección.

Para que tu hij@ aprenda a tomar decisiones hay que dejarle actuar, y a veces no lo hacemos, quizás porque lo vemos inmaduro o porque tendemos a sobreprotegerle y en ocasiones hasta por falta de tiempo del propio adulto.

A lo largo de este artículo voy a explicar qué significado tiene “tomar decisiones”, cuándo se adquiere esta habilidad y cómo puedes ayudar a tu hij@ a que sea un adulto seguro y con plena capacidad de saber tomar decisiones acertadas.

¿Qué es tomar decisiones?

La toma de decisiones es un proceso que consiste en elegir aquella opción que más concuerde con el deseo/necesidad de la persona, teniendo en cuenta los pros y contras que supone dicha elección.

En ocasiones entra en escena la indecisión. Esto es producto del miedo a equivocarse, de tal manera que pude llegar a obstaculizar y finalmente no llegar a tomar decisiones.

¿Qué aspectos hacen posible que un niñ@ adquiera la capacidad de tomar decisiones?
  • Autonomía e independencia
  • Autoconcepto
  • Madurez cognitiva
  • Oportunidades
  • Consciencia social y sentido de la responsabilidad: no perjudicar a los demás con nuestra decisión.
¿Cuándo se adquiere la capacidad de tomar decisiones? 

La toma de decisiones es un proceso de aprendizaje, el cual debe ir de elecciones simples a complejas.

Desde los primeros años se puede iniciar el desarrollo de dicha habilidad, pero no será hasta la llegada de la adolescencia cuando se alcance plena madurez para ello.

Requiere de práctica, el entorno próximo debe proporcionarle experiencias.

Solo si se le da la oportunidad de elegir, tu hij@ llegará a la adolescencia preparada para hacer elecciones conscientes y adecuadas. Esta práctica progresiva se reflejará en su futuro, cuando sea adulto y vea que tiene la destreza de tomar decisiones sin que ello le suponga un problema y esfuerzo.

El primer acercamiento que puedes ofrecer a tu hij@ a la toma de decisión será sobre los 3 años. Ofrécele la posibilidad de que elija entre únicamente dos opciones seleccionadas por ti. Por ejemplo “¿qué quieres plátano o manzana?”.

No le introduzcas una tercera opción porque a esta edad tan temprana su cerebro aún no procesa de forma compleja, y como consecuencia se puede distraer o saturar.

Más adelante, sobre los 4 – 5años, puedes aumentar su nivel de elección: “¿qué quieres de postre, fruta o yogur?  (aquí ya hace elección de dos postres diferentes).

No será hasta los 6 años cuando el cerebro del niñ@ esté preparado para iniciar el aprendizaje de las tomas de decisiones en sí, de lo que se conoce como “elecciones acertadas”. Dicho término significa que el niñ@ hará la elección teniendo en cuenta lo que quiere y si es posible.

Por ejemplo, una experiencia de aprendizaje para la toma de decisiones a esta edad sería:  “¿a quiénes quieres invitar a tu cumpleaños?, ¿qué golosina eliges?. El planteamiento de este tipo de preguntas le pondrá en situación; sopesar el porqué de cada elección, pensar qué es lo que realmente desea, y si ese deseo va en correlación con lo que él espera.

A partir de esta edad puedes ir incrementando su toma de decisión, siendo fundamental mantenerse en el equilibrio, es decir, darle libertad dentro de unos límites claros y establecidos. Es por tanto, que aún no podrán elegir ciertas cosas, como por ejemplo la hora de acostarse, o alterar las rutinas comida o baño.

Es un escenario muy común que sobre esta edad no quieran vestirse con la ropa que el adulto ha elegido. No hay problemas en que escoja él la camiseta o el vestido de ese día.

A medida que va cumpliendo años, su grado de madurez cognitiva y desarrollo social hace que el niño entienda que sus decisiones pueden ser influenciadas e influir en los demás.

Es en este momento cuando entramos en la etapa de los 12 a 14 años y tu hij@ empezará a ser consciente de su propia identidad: autoconcepto. También a sentirse una persona independiente; con sus gustos, intereses y preferencias.

La toma de decisiones en este momento va más unida a situaciones dentro de su contexto social y educativo, con sus iguales, sus amigos; y no tanto centrado en las rutinas y situaciones que se le proponga desde el hogar.

Una toma de decisión propia de esta etapa evolutiva es elegir un estilo de ropa con el que se sienta identificado/a y vestirse de una determinada manera.

Llegados los 16 años va sintiendo que no necesita la aprobación de los demás para tomar una determinada elección; esto es fruto de una autoestima óptima.

Si por el contrario, necesita constantemente responder a los demás, su aprobación y sus deseos, es debido a que su autoestima es baja o aún no ha tenido la suficiente experiencia en tomar decisiones.

Entre los 16 a 18 años, y si anteriormente se le ha ido dando las oportunidades pertinentes, su capacidad de tomar decisiones acertadas se habrá alcanzado.

La unión entre su maduración cognitiva, (razonamiento), su autonomía y seguridad hará una posible una elección plena y consciente.

Cabe destacar en esta franja de edad la relevancia que tiene la toma de decisión en cuanto a identificar qué rol formativo y profesional quiere desempeñar en su sociedad. Es decir, hablamos de a qué se quiere dedicar (vocación) y qué camino tomar para ello (estudios a cursar).

Tras el recorrido de todo este proceso, de lo simple a lo complejo, tu hij@ llegará a la adultez teniendo cierta destreza en tomar decisiones de forma segura y disfrutando de ello.

“Para ser un adulto seguro, autónomo y feliz la toma de decisiones es fundamental”

¿Cómo puedes ayudar a tu hij@?. Ejemplos y orientaciones
1. Facilítale la reflexión

Hazle ser consciente de que para decidir hay que valorar cada opción. Ofrecerle una hoja y escribir dos columnas una encabezada por los pros y otra por las contras puede ser un buen recurso.

Esto supone marcarle una hoja de ruta para ayudarle a que haga una elección adecuada.

Hazle preguntas, por ejemplo: con sus ahorros quiere comprarse un juguete, pero en realidad le gustan dos. No tiene suficiente dinero para la compra de ambos, por lo tanto, tiene que decidir cuál comprará. Al no tener suficiente dinero para dos ¿para qué lo quieres, cuanto tiempo lo vas a usar?

Con este ejercicio también le estarás le estás enseñando a que desarrolle la actitud de ser paciente, y no actuar desde el impulso.

Es importante que dentro de este escenario el niñ@ no se sienta agobiado, porque si esto se diera puede sentirse bloqueado y no llegar a tomar una decisión.

El mensaje a trasmitir es que lo que elija, lo haga con seguridad, más que la elección en sí

Pasado un tiempo desde que tu hijo hizo una elección, sentaos a hablar sobre cuáles han sido las consecuencias.

Hazle cuestiones como “¿fue una buena opción? “,“¿pudo haber otra mejor?” “¿Cómo se siente al respecto?”

Si finalmente el resultado de su elección no es lo esperado, transmítele tranquilidad. Dale a conocer que el error también forma parte del aprendizaje. No hay que dejar de tomar una decisión por miedo a arrepentirse. No podemos permitir que su indecisión le limite. Permitir que se equivoque, que acepte. A veces una mala decisión hace que aprenda para próximas elecciones.

2. Asignarle responsabilidades para fomentar su autonomía

Podemos promover la autonomía en un niño de muchas maneras.

Colaborando con tareas de casa. Dale la opción de que elija entre poner la mesa o quitarla, o tirar la basura.

Dale el dinero y anímale a que él mismo pida lo que quiere cuando vayáis a una pastelería, o librería, por ejemplo. De este modo irá perdiendo el miedo, ganará confianza y se dará cuenta de que es capaz de hacer muchas cosas por sí mismo.

En la preadolescencia asígnale la limpieza de su cuarto, y que sea el/ella quien decida en qué momento y cómo. Esto le ayudará a ser responsable, a que aprenda a organizarse, y por todo ello; a que ganar confianza en sí mism@

3. Hazle partícipe en algunas decisiones familiares

Por ejemplo, que opine sobre dónde ir de vacaciones, dónde pasar el fin de semana, dónde ir a cenar.

Hazle sentir que sus opiniones, gustos y decisiones son parte de la familia; que le tenéis en cuenta.

4. Ofrécele juegos en los que tengan que razonar. 

Donde haya diferentes personajes con diferentes circunstancias y tenga que ponerse en sus situaciones para decidir ante varios supuestos.

De esta manera tu hij@ se harán preguntas o análisis de comparación. Todo ello hace que esté ralentizando su proceso de pensamiento.

Atear os acompaña en el crecimiento de vuestro hij@ a través del servicio de Educación Emocional